Una historia romántica
las vueltas de las cosas, vio? no sabe usted lo que fue, esos dos muchachos juntos, una pareja perfecta. sí sí, lo que le estoy diciendo. cómo? que dónde se conocieron? en una pizzería. medio raro, no? pero sabe qué? la gente se conoce de cualquier modo cuando está escrito que así sea. a ella le faltaba plata para completar la cuenta y él estaba en la mesa de al lado y como la miraba desde hacía un rato escuchó lo que el mozo le decía. un caballero eh? le ofreció un par de tickets. sí, tickets, ni siquiera efectivo. bueno, son los tiempos que corren, peor hubiera sido que se conocieran por internet. acá al menos se vieron las caras desde el principio, no hubo mentiras en cómo se veía cada quien. ninguno de los dos era lo que se dice una hermosura, pero tenían lo suyo. ella, la sonrisa, él, la mirada. con eso bastaba, le digo. ah sí, perdone que perdí el hilo, bueno eso, el primer encuentro fue en banchero de corrientes y talcahuano. salieron juntos, porque al menos había que intercambiar un par de frases, ella se sentía obligada a ser amable después del gesto de él y por supuesto se pasaron nombres y números de teléfonos. él le dio el del celular, ella el de la oficina. no no, qué inmediatamente? fue mucho después como al mes y pico que ella lo llamó porque no se acordaba de quién era el número del papel que tenía en el bolsillo del jean. y…, con la paranoia que se vive, se puso loco el muchacho. y ella que no lo recordaba se calentó por la poca onda. pero a él le quedó el número registrado y al otro día la llamó, con un poco más de memoria. seguro…, eso…, le explicó quién era y ella sonrió, aunque él no la vio. pero claro, hombre, no hay que ser muy inteligente para saberlo, quedaron en verse. se encontraron un miércoles en el centro, al mediodía. un desastre esa decisión, a mi juicio. hay mucha gente, todo lleno. se fueron a un café cerca del lugar de la primera vez y la verdad le digo que fue como algo mágico. nunca le pasó? es como un halo alrededor de la gente. sólo de verlo uno sabe que hay química ahí, que son el uno para el otro. pero ellos no lo vieron, sabe? les pasó por delante de los ojos y no lo registraron. fue frío ese encuentro, no hubo nada. pero empezaron a llamarse, hablaban horas por teléfono; se conocieron mejor por teléfono. y por correo. no por e-mail, eh? por correo postal, aunque parezca increíble y por mensajero. se escribían cartas, podrá usted creer? y con los cadetes se mandaban discos, libros, flores, revistas, regalos, cualquier cosa, hasta comida. recuerdo que una vez él le enviaba unos frascos de miel, porque la conseguía en un lugar especial, buena miel era y el chico que le entregó a ella en su casa, casi la insulta porque uno de los frascos estaba mal cerrado y se derramó un poco…, qué enchastre se armó. ah…, lo que pasa que tenían un acuerdo, el que mandaba tenía que haber probado antes del mismo envase. igual pasaba con los libros, el que mandaba lo tenía que haber leído y así con cada cosa. compartían, se entiende? más de un año estuvieron así. después, hubo un silencio. bah, se paró todo. se les complicó un poco, porque como que no quedaba mucho más que encontrarse nuevamente y ellos tenían sus propias vidas, con otras personas. pero al mismo tiempo eran responsables de lo que habían construido en ese año. señor, se amaban esos dos y cómo. todos los pasos que daban lo hacían pensando en el otro, era mutuo, le digo. pero había limitaciones, no podían dejar sus historias anteriores, les era tan doloroso como dejarse a ellos mismos. creo que fue a él al que se le ocurrió. se compraron un departamento. en nuñez, un ph, chico pero lindo, bastante tranquilo, con pocos vecinos y con un patiecito que estaba bueno por las mañanas para tomar mate y leer el diario en silencio. tenían una sola llave y habían pactado no copiarla. así sería. la dejaban en el puesto de diarios de la esquina y si el diariero no estaba la pegaban con chicle en el piso del puestito, por la parte de afuera, atrás. a veces iba cada uno por su lado y el que se quedaba esa vez le hacía cosas al departamentito. así cuando el otro venía era una sorpresa. pero claro que empezaron a verse ahí. era la idea. una fiesta, le cuento. el amor en su estado más puro y desinteresado. los feriados no sé cómo hacían pero estaban juntos todo el tiempo. hasta salían a caminar o a correr a la plaza que estaba ahí no más. hicieron amigos en el barrio, la gente los invitaba a los asados del mediodía, cuando el clima estaba lindo y ellos iban. eran la parejita linda del momento. cómo le gusta preguntar a usted, eh? no lo tengo muy registrado, pero cinco años fácil. perfecta armonía señor. estaba la vida de ellos y la vida de los dos. no se mezclaba nada y como le dije antes, un amor inmenso. el 9 de julio fue domingo ese año. habían organizado todo para estar juntos desde el viernes a la noche y así fue. ninguno sabía que se venía el desastre, sino yo creo que él no le hubiera pedido que fuera a comprar facturas a la colonial. no volvió. después de tres horas y cerca de veinte llamados salió a buscarla. se la tragó la tierra, señor. nadie la había visto pasar. y qué quiere qué haga ese pobre hombre? fíjese si se desaparece el amor de su vida? se le murió la luz, señor. su mundo se derrumbó. se peleó con todos y se instaló en nuñez, a esperarla. no lo ve usted? ahí está, más viejo, eso sí y como doblado por la pena, pero la está esperando aún. y si usted le pregunta le va a contestar lo mismo, que ya va a llegar y le va a traer los sacramentos con membrillo porque sabe que son las facturas que más le gustan.
Zoepé, no nos deje así!!!!!
Uh Clarita, qué rompí?
Sos la primera comentarista de este breve blos.
Gracias.
un desengaño total: quedarse un domingo con el mate y sin las facturas
hermoso y triste, zoepé.
Y yo le digo que nunca se sabe , que quizás volverá más amorosa , agradecida por la
espera y los sacramentos con membrillo .
Ya ve , sus personajes tienen vida propia , zoepé !
Manón, Ele, gracias por venir. Buenas noches.