Pares y nones

Rastros

Posted in Míos by ZoePé on octubre 16, 2009

- ¿A quién se parece tu mujer, Eliseo? No sé, es un aire solamente, pero…, ¡la boca! Es la boca, es como la boca de Lidia. ¿Te acuerdas de Lidia?
Cómo no se iba a acordar.

“Lidia fue la gorda del grupo y eso impedía todo. No importaba lo buena gente, inteligente, aguda que era. Eso sí, en lo que todos coincidían era en la boca. Él conocía bien los rasgos, formas, colores, de esa boca.
Siempre estuvo cerca de ella, de Lidia, porque lo contenía, escuchaba todas las boberías que se le ocurrían y además la usaba.
Si había que decir quién hacía todas las tareas, de todas las materias y además no tenía ningún problema en explicarle a todos y pasarle sus notas de clase, esa era Lidia. Una pena que pesaba como ochenta kilos; impresentable la gorda. Pero ahí estaba su boca; lejos, la mejor sonrisa del curso, lejos la mejor carcajada, lejos la más triste y colorada cuando lloraba.
Eliseo la conocía bien. Podía identificarla en una multitud. Por eso supo que era ella, el día de la fiesta de la facultad. Todos daban vuelta a la cabeza para ver a la muchacha esa que llegó con el profesor de griego. De espaldas se veía muy bien; buen culo y buenas tetas de frente. Cuando vió su boca casi muere. La boca de Lidia. No sólo eso, era Lidia.
Qué linda estaba. Se quedó loco y se juró llevársela esa noche. Lo mejor es que ella parecía dispuesta a eso, porque desde el momento en que se saludaron no pararon de conversar, de bailar, de reirse juntos. Como cuando estaban en el colegio, sólo que ahora esta mujer que tenía enfrente lucía muy bien y su boca brillaba aún más, en medio de tanta belleza.
Salieron de madrugada y fueron a casa de Eliseo. Cuando la besó, sintió que había llegado a lo más alto del placer. Ella se esfumó dos horas después y no se la encontró más.”

Supo que se había ido a vivir fuera del país, que le iba bien.
Sus aretes quedaron al lado de la lámpara de noche y de ahí a su billetera, hasta hoy.

2 comentarios

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  1. Lucía Corujo said, on diciembre 7, 2009 at 4:24 pm

    Um, me hubiera gustado más que no hubiera ido a la casa de él. Qué mala cosa juzgar a la gente sólo por cuánto pesa, cuál es su talla de sujetador, en suma, por las apariencias. ¿Qué importa si me ayuda, qué importa si se ríe como nadie a carcajadas? Nada, porque está gorda. Qué pena.
    Hubiera preferido que ella entrara con otro hombre, y me da igual si gordo o flaco, pero resplandeciente su boca porque por fin alguien la quiere, y sabe, que no es sólo por su físico.
    Un saludo

  2. Alís said, on diciembre 15, 2009 at 3:42 pm

    Estoy de acuerdo con Lucía, pero creo que también es una dulce venganza dejarle un mayor recuerdo: ahora evocará su boca y su cuerpo bajo sus sábanas… Pensar que años atrás seguramente podría haber tenido su boca sólo para él… Tontos somos a veces.
    Me encantan tus relatos. Me encanta que tu abuela fuera gallega.
    Bicos


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